Todos queremos que nuestros hijos sean felices. A menudo buscamos esa felicidad en logros académicos o juguetes nuevos. Pero la neurociencia nos dice algo sorprendente: una de las rutas más directas hacia el bienestar emocional es hacer algo bueno por los demás. En Colegio ODI, sabemos que un niño solidario es, fundamentalmente, un niño más feliz.
El “subidón” del ayudante
Cuando un niño en nuestra área de preescolar ayuda a un compañero a recoger unos bloques que se le cayeron, su cerebro libera endorfinas y oxitocina, conocidas como las hormonas de la felicidad y el vínculo. No les enseñamos a ser solidarios “porque hay que ser buenos”, sino porque se siente bien conectar. Esta validación interna es mucho más poderosa que cualquier premio externo.
Autoestima y Capacidad
La solidaridad tiene un efecto espejo maravilloso. Cuando un alumno de primaria logra explicar un concepto complejo de nuestro programa STEAM a otro que no lo entendía, recibe un mensaje interno potente: “Soy capaz, soy útil, tengo algo valioso que aportar”. En el Colegio ODI, fomentamos estas interacciones porque construyen una autoestima sólida basada en la contribución, no en la competencia.
Conclusión
Fomentar los beneficios emocionales de la solidaridad es regalarle a tu hijo una herramienta de bienestar para toda la vida. La próxima vez que lo veas tener un gesto amable, no solo lo felicites por ser bueno; pregúntale: “¿Cómo te sentiste al ayudar?”.
En ODI, formamos seres humanos plenos, conectados con su entorno y con sus propias emociones.


